Balas para todos. El populismo punitivo

A vueltas con el tema del populismo, hay una vertiente a destacar del mismo, la que surge de la propia situación que sus políticas irresponsables generan. La inseguridad.

En la versión online de un diario de Santa Fé, Argentina, cuelgan un video de una escena, que por lo lamentablemente cotidiano, pareciera que no debería sorprender a nadie.

Pero en este caso, se da que la emotividad del ocasional espectador del video, se ve sacudida por la imagen del niño llorando desconsoladamente al ver a su madre desmayarse del susto. Como la grabación fue colgada en facebook, es muy interesante leer los comentarios, observar las reacciones, todas entendibles desde el punto de vista del hartazgo de la gente frente a la inseguridad que los rodea, o como les gusta edulcorar a los politisaurios ¨sensación de inseguridad¨.

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Aclarando que yo también comenté, llama la atención como se repiten una y otra vez los mismos argumentos, las mismas reacciones. Uno pide militares, otro más balas a la policía, el de allá un paredón. Son reacciones más que normales, producto de la impotencia, emociones que todos hemos tenido ante una injusticia.

Pero esa emocionalidad, inherente a todos, puede ser perfectamente explotada por inescrupulosos que vienen a traer soluciones rápidas y  demagógicas a todas luces. ¿Cuántas veces hemos visto a populista de turno, con gesto adusto, prometer solucionar el problema de la delincuencia? Y las recetas son bastante parecidas, a modo general, aumento de las penas, reducción de la edad penal, hasta se escuchan pavadas como castración, pena de muerte o que los militares ocupen las calles. Proponen siempre un sistema represivo, reaccionando al delito hasta un poco irracionalmente.

Como  todo lo derivado del populismo, sus promesas son vacías, son las palabras que quieren escuchar las masas y nada más que eso.

Hay algo que tenemos que tener en claro, nadie está por encima de la ley. Reaccionar violentamente a la violencia nos convertiría en parte del problema. Las soluciones tienen que venir de la mano de la cohesión social, con propuestas coherentes y sobre todo, dentro de un marco legal.

No estoy aquí para elaborar dichas propuestas, sino para advertir, las balas no son la solución, muchas rebotan, se pierden y pueden ir a parar en gente inocente.

Lo ha dicho el bicho

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¨Yo robo para la corona¨

¡Qué fracesita! Acuñada por el filósofo contemporáneo Samuel Apfelbaum, erudito de glúteos siliconados, conocido también como José Luis Manzano (con seudónimo, como si fuese una estrella de cine), surgido en el momento álgido de los desmanes neoliberales del gobierno de Carlos Saúl Menem en Argentina.

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¨Yo robo para la corona.¨ Un suicidio político, el que cometió ¨Cachetes¨ Apfelbaum/Manzano o como quieran llamarle, cuando hizo esa confesión al periodista Horacio Verbitsky, intentando justificar  la corrupción que reinaba en aquel entonces. Para ponerlos en situación, este bicho estuvo metido en un sinfin de chanchullos, promotor de la mayoría automática de Menem en el poder judicial impulsando la ampliación de la Corte Suprema y así asegurarse jueces leales. Participó activamente del desmantelamiento del Estado con privatizaciones nada limpias, intervino en las externalizaciones (palabra que no existe, pero a los politisaurios actuales les encanta utilizar) de Aerolíneas Argentinas, ENTel, YPF por nombrar las emblemáticas. Siendo ministro del interior, vió como volaba por los aires la Embajada de Israel y prometió descubrir a los autores, cosa que aún esperamos.

Pero esto no va de una biografía de Apfelbaum/Manzano, ni de la inmoralidad y falta total de escrúpulos de este parásito que lamentablemente sigue suelto y acumulando fortuna como líder de un medio de comunicación (¿recuerdan la entrada anterior?).

El tema es, el hecho que un político que hasta tiene olor a corrupto haya dicho algo así ¿nos ha dejado alguna enseñanza desde aquel entonces? ¿Hemos aprendido la lección o seguimos permitiendo que cientos de Apfelbaums/Manzanos ocupen cargos públicos? Creo que la respuesta es obvia.

Intentemos mirarlo de otra manera, tal vez, el ¨Yo robo para la corona¨ haya sido lo único honesto de que dijo este personaje, tal vez, la famosa cintura política le falló y en lugar de irse con rodeos, medias tintas y ambigüedades, su subconciente le jugó una mala pasada y le hizo, por una vez en su vida, decir la verdad, esto no lo exime de ser la antonomasia de la corrupción, pero en su mensaje, dejó claro que no era a él a quien debían apuntar, pedía que no maten al mensajero. Hoy haciendo un análisis en restrospectiva, deberíamos haber matado al mensajero, al remitente y al destinatario.

Bueno, se preguntarán a que viene esta clase de historia, con catarsis incluida. Viene a que pese al paso de los años, signos y colores políticos estos ladrones a sueldo para la corona siguen campando a sus anchas en las vidas políticas nuestros países. Si, en todos los países en donde uno mira un poco de cerca encuentra con lagartijas de esa calaña. En el caso de Argentina es a quien le he dedicado los párrafos anteriores, en Brasil Roberto Jefferson con su mensalão, por nombrar a uno, porque el listado es enorme, en Chile,  Luis Eugenio Díaz acusado de cohecho y lavado de dinero desde la Comisión Nacional de Acreditación, en Venezuela, Rafael Ramirez, etc. etc etc.  Ni siquiera en el país paradigma de la corrección se salvan, en Alemania Christian Wulff, renunció por corrupción (al menos este tuvo la decencia de dimitir). Y España, bueno que les puedo contar, que lo único bueno de la crisis que estamos pasando es que todas las porquerías salen a flote, que muchos han encendido el ventilador y arrojado la mierda contra él, salpicando hasta los menos pensados, son tantos los que roban para la corona, Luis Bárcenas y sus millones en cuentas en Suiza, Jesús Sepúlveda, exmarido de la Ministra de Sanidad Ana Mato. Francisco Correa y todos a los que tenía empaquetados en la trama Gürtel.

Todos, absolutamente todos tienen a su Apfelbaum/Manzano, estos elementos están siempre presentes y son la base para mantener a la casta política actual. Ojalá estos empiecen a tener deslices o brotes de honestidad como los del filósofo contemporáneo, que se suiciden políticamente, vayan desapareciendo y dejen paso a sangre fresca, no contaminada que nos devuelvan la verdadera política.

¨No permitiré injusticias, ni juego sucio, pero si se descubre a alguien practicando la corrupción sin que yo reciba una comisión, lo pondremos contra la pared… ¡Y daremos la orden de disparar! ¨ – Groucho Marx

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