¿Democracia o patotacracia?

Quiero que se hagan una imagen, reunión familiar de domingo, mucha gente, buena comida casera de la Nona, vino, sidra o champagne y nada que hacer en todo el día salvo quedarse alrededor de la mesa charlando y pasando buenos momentos. De esos momentos me acuerdo cuando empezaba la discusión política, que podía llegar a niveles de tensión insospechado y pese a que los ánimos parecían caldeados, todo terminaba bien y cada uno hacia su catarsis política. Se escuchaban infinidad de argumentos, repasos de historia, estadísticas, nombres de políticos de los años de María Castaña (nota mental: averiguar quien era María Castaña). Cada uno daba su punto de vista, creía tener la razón de porque apoyaba a uno u otro politisaurio, pero había cosas que no se escuchaban entonces y que hoy en día son moneda común en toda discusión política, hay dos frases que particularmente me revientan: la que da a entender que los políticos son todos iguales y las que limitan la opinión al sólo hecho de votar, a ver si me explico, los que dicen: “podés expresar tu rechazo en las urnas”. Como si toda nuestra participación en la vida democrática de un país empezaría y termina en las elecciones. Entre períodos electorales debemos mantenernos calladitos, ser esa ¨mayoría silenciosa que no se manifiesta¨ a la que hacía referencia el pavote de Rajoy.

No pertencer al 50 y más por ciento que conforma la mayoría no debería hacernos perder derechos al momento de expresar nuestro descontento. Quienes ganan unas elecciones, deberían saber que esa mayoría los autoriza gobernar y nada más, no les da necesariamente la razón ni legitima sus acciones. El permanente argumento de ¨calladito la boca, porque el 54 % la votó¨ (típico de los seguidores de  CFK) es un ejemplo bastante claro de lo que Gottfried Wilhelm von Leibniz llamó la dictadura de las mayorías. Poniéndome extremista con el ejemplo, si el 55% piensa que el otro 45% debe ser fusilado, sería una decisión democrática, pero un poco inapropiada.

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En nuestro continente han avanzado los gobiernos populistas , apoyados por una mayoría ciega que no les pone límites ni controles, permite el acúmulo de poder convirtiéndose en verdaderas dictaduras. Así, con el poder absoluto, no respetan las leyes democráticas, ya que el partido dominante ha metastatizado del ejecutivo al legislativo y judicial, modificando leyes y constituciones según conveniencia.

Cuirosamente, el mejor análisis sobre este fenómeno no viene de Latinoamérica, sino de Italia, donde uno de los más reconocidos juristas, Luigi Ferrajoli, analizando el gobierno de Berlusconi habla de la ¨desconstucionalización¨  neologismo acuñado en su libro ¨ Poderes Salvajes. La crisis de la democracia constitucional¨ (Ed. Trotta, Madrid 2011), que intenta explicar esa tendencia de los gobiernos populachones, a creer que el consenso popular es la única fuente de legitimación del poder político. Si bien habla del sistema político italiano, basta obviar la referencia geográfica y veríamos que perfectamente extrapolable a las realidades latinoamericanas. Se refiere a un proceso (el de desconstitucionalización) de construcción de un régimen antiliberal, basado en la pasividad de una parte relevante de la sociedad, ya sea por comodidad o ignorancia, ante la violación sistemática de la Constitución y el rechazo a los límites impuestos a las instituciones, transformando al sistema político en la pretensión de la omnipotencia de las mayorías, el menosprecio del sistema legal, la separación de poderes y las garantías que forman parte de todo sistema democrático. Cito: ¨Así, el edificio de la democracia constitucional resulta minado de raíz en su totalidad: porque no se soporta el pluralismo político y constitucional, por la desvalorización de las reglas; por los ataques a la separación de poderes, a las instituciones de garantía, a la oposición parlamentaria, a la crítica y la prensa libre; en definitiva, por el rechazo al paradigma del estado constitucional de derecho como sistema de vínculos legales impuestos a cualquier poder¨.  Cualquiera diría que es una descripción fiel de los gobiernos del ¨pajarito chiquitico¨ en su renovada versión espectral o el de la ¨señora del eterno luto¨. 

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Ya aclaré que Ferrajoli hace su análisis de la democracia berlusconiana, uno pensaría, pobres italianos, si, pobres, pero en cierta medida están a salvo de tanto desmán, por el hecho de pertenecer a la comunidad europea y tener intenciones de seguir así, obliga a Italia observar las normas democráticas. Es una democracia madura en que los distintos poderes aún conservan su independencia y existe cierto autocrontrol y conciencia cívica ciudadana que no se creen cualquier pavada que les cuentan.

Una verdadera democracia, más que la voluntad de la mayoría, debería ser el respeto de las minorías, de la división de poderes, la fortaleza y los límites de las instituciones. Una democracia que no cumple estas premisas básicas cae en el desgobierno, la corrupción y ralentiza el desarrollo social. Suplantar las leyes por los dictados de la mayoría, si todo empieza y termina en la prevalencia de votos, deja a la democracia a la voluntad de la patota.

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Lo ha dicho el bicho

¡Viva la Pepa!

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España, 19 de marzo de 1812, día que coincide también con la celebración de San José, se proclama la constitución española en Cádiz, por la coincidencia con el santoral, como a los que se llaman José en España les dicen ¨pepe¨, a la constitución la llamaron: ¨La Pepa¨ . Ese mismo día, los liberales españoles anuncian su adhesión a la carta magna al grito de ¡Viva la Pepa! Desde entonces, esa expresión ha permanecido y traspasado fronteras, lamentablemente, su sentido ha ido cambiando hacia una versión peyorativa y al día de hoy se usa esa frase como analogía de desorden, de que siga la fiesta sin importar las consecuencias.

Esto lo explico para referenciar una práctica cada vez más común en nuestros gobernantes, reformas constitucionales, leyes y decretazos para perpetuarse o acumular poder, cada uno y a su manera, decide, según su conveniencia, pasarse por donde no le da el sol las leyes fundamentales de un Estado soberano. El ¡VIVA LA PEPA! que todos conocemos.

Como antecedentes, para ponernos en situación, en nuestra historia reciente, están, la reforma de la Constitución Argentina del año 1994, impulsada por el entonces Presidente Carlos Saúl Menem, pautada meses antes, en dicembre de 1993, en lo  que se conoció como Pacto de Olivos,  con Raúl Alfonsín. Entre las reformas pactadas estaba la reelección de Presidente y vicepresidente por otro período de 4 años. Hasta entonces la Constitución original de 1853, no admitía la reelección inmediata, sinó que obligaba a dejar pasar un período de 6 años para poder presentarse como candidato. A partir de dicho pacto, se metió mano también en el poder judicial, en la Corte Suprema de Justicia, se redujo la ¨mayoría automatica¨ a la decisión de 5 jueces, la Corte pasaba a favorecer la gobernabilidad, apoyando las decisiones del ejecutivo,  en lugar de garantizar el cumplimiento de la Constitución. Salieron sentencias un poco llamativas y a todas luces anticonstitucionales, como el indulto a los militares de la dictadura, la indexación de las jubilaciones, se favorecieron las privatizaciones. Uno de los jueces de esa mayoría, Petracchi, se inventó el ¨per saltum¨, una doctrina que permite a la Corte Suprema encargarse de causas que aún no están resueltas en tribunales menores, cosa que le vino como anillo al dedo para resolver la privatización (regalo) de Aerolíneas Argentinas y parar los amparos contra el corralito bancario. Más claro, le hecho agua.

En los últimos días, en mi querido y maltrecho país, que dentro de poco se llamará Argenzuela, estamos asistiendo a un ataque más al estado de derecho, un paso hacia el totalitarismo, el Ejecutivo ha enviado al Congreso varios proyectos de ley, entre ellos, uno  para limitar las medidas cautelares, quedando el ciudadano indefenso en la justicia ante el Estado,  copiando métodos dictatoriales como el de Onganía durante su dictadura. Lo disfraza diciendo que es una democratización de la justicia, pretendiendo también reformar el Consejo de la Magistratura (que elige a los jueces), llevando de 13 a 19 a los integrantes y que 7 se ellos sean elegidos por voto popular . Quedan bien claras las intenciones, para la gilada, le llaman ¨democratización¨, les hacen creer que pueden elegir, los jueces tendrán que hacer campaña, cuando la Justicia debería mantenerse al margen de procesos electorales, no estar ni cerca relacionados a ninguna bandera política, los jueces no deberían ver peligrar su puesto por dictar una sentencia antipática para el régimen. Quien debería controlar, verá sus capacidades reducidas a nivel de servidumbre y para colmo, a mi humilde entender, la oposición se ha autodesprestigiado tanto que carece de fuerza para hacer verdadero contrapeso.

Cuando éramos chicos, nos hacían recitar de memoria el Preámbulo de nuestra Constitución, al hacerlo, le dábamos solemnidad, como dictando las normas, tácitamente sabíamos, pese a nuestra corta edad, que eran palabras ¨sagradas¨, como todo el texto que seguía a dicho preámbulo. El artículo 29 dice: El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los INFAMES TRAIDORES DE LA PATRIA.

Se está cometiendo un atropello, están matando a nuestra democracia, es momento de que se tome enserio toda la solemnidad de un texto, que parece que los que hoy manejan los hilos desconocen o pretenden borrarlo de un plumazo. Es hora que los argentinos, como supimos hacerlo en otro momento, defendamos nuestros derechos y garantías. No dejemos que hagan de nuestra Justicia y de nuestra Patria un VIVA LA PEPA.

Lo ha dicho el bicho.

Política for dummies

No, no es una guía de iniciación a la política, el título podría haber sido ¨Política para boludos¨, pero me pareció muy fuerte.

Una nueva burrada del candidato a presidente de Venezuela, el increíblemente formado, intelectual, experto en ciencias políticas, Nicolás Maduro a quien aparentemente se le apareció el espíritu de Hugo Chavez en forma de ¨pajarito chiquitico¨ (pronúnciese con el deje típico venezolano, el de las telenovelas).

Es decir, después de sorprendernos con que el cáncer se inocula, demostrando que conduciendo el metro se puede hacer un doctorado en epigenética y biología oncológica.??????????????????????????????????

Ahora nos sale con que es medium, habla con los muertos y estos se presentan como plumíferos. Tal vez si hubiera dicho que era una urraca sería más creíble. Me imagino una sesión de espiritismo ¨ Hugo, Hugo, si estás ahí…. da tres golpes de estado¨

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Vista la calidad intelectual de nuestros políticos de hoy en día, lo lógico sería esperar reacciones de los votantes, al estilo ¨¿Me estás tomando el pelo?¨ o en argentino básico ¨¿Vos me viste cara de boludo? Lo que más tarde se traduciría en una merma en los votos, pero, resulta que eso no es así, al día de hoy Maduro supera a Capriles en 15 puntos de intención de voto. No hay que ser un gran estadista para darse cuenta que existe una mayoría que se deja tomar el pelo o lisa y llanamente son boludos. Si a esto que digo lo dijera un candidato en campaña, esa mayoría se sentiría profundamente ofendida, como yo no estoy buscando votos, me da igual que se ofendan.

Pero tanta incoherencia tendría que tener una explicación, estamos hablando de política y su discursiva, Patrick Charaudeau nos explica que es constitutivo de todo discurso político apelar a las emociones, esto, está particularmente exacerbado en el discurso populista, apelando a la espiritualidad, como en este caso o a una dramatización que procura la adhesión pasional.

El mismo Maduro, explicando su charla con el pajarraco, dice a El Nacional de Venezuela ¨En ese hermoso acto que tuvimos en Sabaneta recordando la memoria de nuestro comandante. Allí confesé algo que me sucedió: entró un pajarito revoleteando y empezó a silbar. Sólo lo podemos entender nosotros porque nos cabe el amor de patriotas. El pajarito se sorprendió, me dio una vuelta y se fue. Y yo tengo derecho de sentir lo que sentí, burgueses, inhumanos, irrespetuosos, antipatria. Yo sentí el espíritu de mi comandante Chávez echándome la bendición en esta batalla que estoy dando. Así lo sentí, así lo sentí¨

Lo interesante del párrafo anterior es que viene a ser una muestra fiel de que explica Charaudeau sobre los efectos de la emoción en el discurso populista, donde el líder enamorado de su patria, denuncia la fuente del mal, los culpables son designados como seres malvados, complotados contra la nación, generando antipatía, emociones en contra de un enemigo.

Al final no importa de quien viene, la charla es siempre la misma, nunca enfocada a un ideal, es una incoherencia tras otra, no hay un método, un mínimo análisis, es decir, lo que el pueblo quiere escuchar, incluso si eso implica tomarle el pelo, verles la cara de boludos. Al final, el título de la entrada no era tan fuerte, si lo es que payasos como este y otros tantos en América Latina hayan convertido a nuestros países en un circo donde el tonto dirige el destino de millones.

Lo ha dicho el bicho.

¿Por qué estamos como estamos?

Desde hace tiempo que tengo una pregunta rondando por la cabeza. Pregunta que apunta a entender las causas por las que un país, reconocido p0r propios y extraños, con un potencial brutal, se empecina en marchar a su autodestrucción. Las respuestas pueden ser muy variadas según a quien hayan votado, la edad que tenga o que tan largo en el trayecto en taxi.

Toda crisis es el preludio de un cambio, pero en el caso de mi país pareciera que la historia se repite una y otra vez, empecinándose en perpetuarnos en el error. Tal vez sea algo genético, una falla de fábrica del ser argentino, defectos que arrastramos generación tras generación, siempre aspirando a ser y no lográndolo nunca.

En un intento de buscar una explicación, me encuentro con un texto que creo que apunta en la dirección correcta, acá es donde quiero dejarle lugar a una palabra autorizada, por conocimientos de historia y por capacidad de análisis, quiero transcribirles, no sin antes agradecer a Rogelio Alaniz el autorizarme hacer un copy + paste a su página.

¿Cuándo se jodió la Argentina? – Rogelio Alaniz

Una empecinada y viscosa sensación de fracaso, una sospecha cada vez más fundada de que somos una nación que marcha a la deriva, una certeza de que podríamos haber sido un país mucho más justo y más libre si las pésimas opciones políticas, las alienaciones ideológicas, la obsesión casi enfermiza de ir a contramano del mundo no se hubieran impuesto con la consistencia de un sentido común regresivo, anacrónico y sentimental en el peor sentido de la palabra. Todo eso y mucho más nos ocurre cuando pensamos en la Argentina.

“¿En qué momento se jodió Perú?”, se pregunta el personaje de “Conversación en la catedral”, por lejos la mejor obra escrita por ese gran novelista que es Mario Vargas Llosa. La pregunta que nos deberíamos hacer admite una ligera variación; ¿Por qué se jodió la Argentina? Fuimos grandes, tuvimos todo a mano para ser una nación próspera y justa e hicimos y hacemos todo lo posible para seguir precipitándonos en el fracaso, hundiéndonos impávidos en el más desolador tiempo del desprecio.

¿En qué nos equivocamos? ¿Qué hicimos mal? ¿Una burguesía parasitaria, rentística, desentendida de sus responsabilidades? ¿Un movimiento obrero corrompido, burocrático, decidido a practicar la consigna del sálvese quien pueda? ¿Intelectuales alienados, incapaces de pensar al país en serio? ¿Jóvenes irresponsables, decididos a arrojarse en el charco de la ignorancia con la mejor de las sonrisas? ¿Sacerdotes alejados de la verdad del Evangelio? ¿Periodistas tramposos y corruptos? ¿Políticos venales que conciben al Estado como un botín?

Cualquiera de estas imputaciones pude refutarse con buenos argumentos, cualquiera de estas imputaciones puede ser injusta o incompleta, pero también cualquiera de estas imputaciones en algún punto da en el clavo. Si todo estuviera sucio, si el fango fuera el único escenario visible, la situación sería grave pero al menos estaríamos en condiciones de elaborar un diagnóstico preciso acerca de nuestra decadencia. Lo curioso es que en la Argentina los trazos gruesos de la decadencia, los huellones del fracaso están matizados. Todo anda mal pero existe la vaga sensación de que con un mínimo esfuerzo, con un toque de lucidez y coraje todo podría empezar a andar bien. ¿Ilusión o trampa?

La Argentina no es solamente un país pobre, un país injusto; es, sobre todas las cosas, un país fracasado. Si alguna vez el desarrollo fue nuestro horizonte, hoy la deplorable realidad nos dice que somos un país “desdesarrollado”, es decir un país que retrocede, que ha despilfarrado sus dones y sus dotes. La imagen que mejor nos representa es la de aquel patricio que alguna vez fue inteligente, rico y virtuoso, en tanto que sus hijos y sus nietos son exactamente lo contrario. La leyenda cuenta que en Pavón el padre de Julio Roca retornó al campo de batalla para sacar a su hijo empecinando en seguir disparando con su cañón a pesar de que la batalla estaba perdida. Cuarenta años después aquel jovencito -que ya había sido presidente de los argentinos- ingresará una noche al Club Social para sacar a su hijo de la oreja, no porque se estuviera jugando la vida o el honor, sino porque se estaba jugando el campo en una mesa de póker.

Ni San Martín ni Belgrano, Isidorito Cañones. Como él hemos aprendido a gastarnos las herencias de los abuelos, los tíos y los padres; a vender las joyas de la abuela, con la casa, el piano y la guitarra. Y a consumirnos el capital de nuestros hijos. Arribismo e irresponsabilidad es lo que hemos aprendido. Y ese estilo instalado como un vicio o como un destino de vivir en un eterno presente, de vivir con la certeza de que una cosecha, un ciclo económico, algún azar del planeta nos va a resolver los problemas. En los últimos años hemos demostrado ser unos maestros en el arte de perder oportunidades, despilfarrarlas miserablemente encogiéndonos de hombros y con una sonrisa canalla.

Los Kirchner y el kirchnerismo no son los responsables de los males que como magos o prestidigitadores hemos sabido inventar. Al menos no son los únicos. Pero los Kirchner y el kirchnerismo en los últimos diez años han acentuado todas las tendencias a la decadencia y el fracaso. Y lo más grave es que lo han hecho invocando grandes causas, agitando banderas justas, reivindicando consigas redentoras. Menem y el menemismo fueron una calamidad para la Argentina, pero a esa calamidad nunca se le ocurrió disfrazar su cinismo y su voracidad por las riquezas con los atuendos de las causas nobles.

La Argentina anda mal, marcha sin rumbo y todos los días se enreda con un problema nuevo. Una diplomacia que negocia lo innegociable con nuestros verdugos y luego su canciller posa de intransigente sabiendo que sus palabras son tan inservibles como lo será en el futuro su gestión para el tribunal de la historia. Un gobierno que acusa a los diarios de mentirosos cuando desde el poder practica las mentiras más descaradas e insolentes. Un gobierno que decepciona hasta en lo que se propone; un gobierno que no disimula su vocación autoritaria y en algunos puntos fascista.

Los incalificables insultos a Kicillof, la justa silbatina a Boudou, son datos menores al lado de las declaraciones del señor Orlando Barone afirmando que en este país los que no están de acuerdo con el gobierno deben irse, y también deben irse los neutrales y los indiferentes. Barone puede ser inimputable, un decadente ventajero político, un despreciable arlequín y saltimbanqui, pero hasta tanto nadie lo desmienta es un vocero del oficialismo, como lo son Boudou, Diana Conti, Aníbal Fernández y, por qué no, el señor Zaffaroni. Barone apoya al oficialismo por sus supuestos compromisos con el pueblo, pero sus argumentos están construidos con el estiércol de la dictadura militar. Las amenazas de expulsar a los opositores y a los neutrales no las inventó él, pertenecen al acervo ideológico de Ibérico Saint Jean, el general que dijo exactamente lo mismo que ahora repite Barone muy suelto de cuerpo.

¿Cuándo se jodió la Argentina? ¿Por qué se jodió la Argentina? ¿Quiénes jodieron a la Argentina? Buenas preguntas para hacerse, sobre todo cuando la certeza de que estamos jodidos es una de las escasas seguridades compartidas. No viene al caso extraviarnos en los laberintos de la historia o en el espeso universo de las estadísticas. El presente nos alcanza y sobra para pensar aquello que Le Pera expresó con palabras premonitorias: la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.

Yo no diría que en la Argentina todo anda mal, pero sí diría que anda mal todo aquello que para una nación debería ser lo más importante. Y algo más grave. Lo poco que anda bien -el campo por ejemplo-, el gobierno se preocupa por boicotearlo y confiscarle recursos. Al respecto, que nadie se llame a engaño. Algo anda mal en un país cuando un gobierno se ocupa en atacar a los segmentos más modernos de su economía, mientras abre una avenida ancha y generosa para que las burguesías lúmpenes, los arribistas y mafiosos hagan excelentes negocios, se enriquezcan sin pagar impuestos, eludiendo responsabilidades legales y alentando las prácticas económicas de un capitalismo salvaje en el sentido más justo de la palabra, porque acumula las riquezas explotando mano de obra esclava y semiesclava. Hay que decirlo con todas las palabras: la única actividad económica, el único modelo de explotación y desarrollo que el kirchnerismo logró consolidar y ampliar en la Argentina, se llama La Salada. Ése es su horizonte económico, su ética del trabajo y su concepción práctica acerca de lo que concibe como modelo nacional y popular.

El balance, en este sentido, no puede ser más lamentable. Miremos a nuestros vecinos y la única emoción que se despierta son las ganas de llorar. Hoy el ingreso per cápita de Argentina está por debajo del de Chile y Uruguay. Brasil nos ha sacado tanta ventaja que ya nos hemos resignado a ser su satélite. Es que los Kirchner no han eliminado la pobreza; por el contrario, la han consolidado, ampliado e institucionalizado. El país está partido en dos, y unos y otros están conformes con ese destino. Los circuitos que alentaban la movilidad social de otros tiempos se han roto o se han obstruido. Lo que hay es un ancho y árido territorio de miseria y pobreza, una desolada tierra baldía asistida por traficantes interesados en que todo siga así porque esta realidad los beneficia.

Y sin embargo, alguna vez, la Argentina aspiró a ser un país de clase media. Fue su mejor momento. Evocar aquellos años es descorazonador y doloroso, el dolor, la desazón y la mustia melancolía del viejo calavera o la antigua madama que se miran al espejo y descubren en el rostro las marcas, las cicatrices, las huellas y las arrugas de los desengaños, los fracasos y las esperanzas perdidas.

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Se puede estar a favor o en contra, no deja de ser una opinión, huelga decir que la comparto 100%, sobre todo porque descubre nuestros errores. Digo nuestros, no sólo de los políticos, debemos ejercitar la autocrítica, algo que los argentinos tenemos genéticamente atrofiado, debe ser ejercitada individualmente y en forma constante lo que nos llevará a mejorar colectivamente. Demás está decir, que si esa autocrítica viene de quienes detentan el poder (nota mental: me cuesta encontrar casos donde un político reconozca sus errores) llevaría en su inercia a que todos podamos ver, analizar y concientizarnos de nuestras falencias.

Visto así, parece que hay 40 millones que necesitan mucho diván.

Balas para todos. El populismo punitivo

A vueltas con el tema del populismo, hay una vertiente a destacar del mismo, la que surge de la propia situación que sus políticas irresponsables generan. La inseguridad.

En la versión online de un diario de Santa Fé, Argentina, cuelgan un video de una escena, que por lo lamentablemente cotidiano, pareciera que no debería sorprender a nadie.

Pero en este caso, se da que la emotividad del ocasional espectador del video, se ve sacudida por la imagen del niño llorando desconsoladamente al ver a su madre desmayarse del susto. Como la grabación fue colgada en facebook, es muy interesante leer los comentarios, observar las reacciones, todas entendibles desde el punto de vista del hartazgo de la gente frente a la inseguridad que los rodea, o como les gusta edulcorar a los politisaurios ¨sensación de inseguridad¨.

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Aclarando que yo también comenté, llama la atención como se repiten una y otra vez los mismos argumentos, las mismas reacciones. Uno pide militares, otro más balas a la policía, el de allá un paredón. Son reacciones más que normales, producto de la impotencia, emociones que todos hemos tenido ante una injusticia.

Pero esa emocionalidad, inherente a todos, puede ser perfectamente explotada por inescrupulosos que vienen a traer soluciones rápidas y  demagógicas a todas luces. ¿Cuántas veces hemos visto a populista de turno, con gesto adusto, prometer solucionar el problema de la delincuencia? Y las recetas son bastante parecidas, a modo general, aumento de las penas, reducción de la edad penal, hasta se escuchan pavadas como castración, pena de muerte o que los militares ocupen las calles. Proponen siempre un sistema represivo, reaccionando al delito hasta un poco irracionalmente.

Como  todo lo derivado del populismo, sus promesas son vacías, son las palabras que quieren escuchar las masas y nada más que eso.

Hay algo que tenemos que tener en claro, nadie está por encima de la ley. Reaccionar violentamente a la violencia nos convertiría en parte del problema. Las soluciones tienen que venir de la mano de la cohesión social, con propuestas coherentes y sobre todo, dentro de un marco legal.

No estoy aquí para elaborar dichas propuestas, sino para advertir, las balas no son la solución, muchas rebotan, se pierden y pueden ir a parar en gente inocente.

Lo ha dicho el bicho

Más de lo mismo con el populismo

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Esta entrada, la hago a partir de una discusión muy animada y sobre todo entretenida que tuve hace poco tiempo. Pena que esa discusión fue en los muros de Facebook y no sentados en una mesa cara a cara, porque se pueden tener diferencias políticas y considero muy sano expresarlas, aún a sabiendas que esa discusión no va a cambiar nada, es un ejercicio que recomiendo a todo el mundo.

Buscando, leyendo, interpretando, preguntando a los que saben, uno llega a la conclusión que llegar a una definición precisa de lo que es el populismo es una tarea imposible. Esto, en parte es debido, a que sus orígenes y formas de expresión son muy heterogéneos. Así que a prepararse que viene larga la cosa.

En wordreference encontramos un primer acercamiento a la definición de populismo ¨doctrina política que se presenta como defensora de los intereses y aspiraciones del pueblo para conseguir su favor¨. Personalmente, a esa definición le quitaría la palabra ¨doctrina¨.

Esto es particularmente más evidente a nuestra Latinoamérica de la última década, donde tras los estragos de políticas neoliberales que diezmaron la capacidad productiva de los países, el populismo empezó a cobrar cada vez más fuerza, presentándose como la alternativa al imperialismo que nos llevó a la ruina.

Si bien definirlo es complejo, se pueden encontrar muchos puntos en común sea quien sea el populista de turno, por nombrar a algunos:

Cárdenas (México 1934-1940),
Perón (Argentina 1946-1953),
Vargas y Goulart (Brasil 1950-1954 y 1961-1964),
Ibáñez (Chile 1952-1958),
Velasco Ibarra (Ecuador 1933/ 1944/ 1952-1956/ 1960/ 1968).
Paz Entensoro (Bolivia),
PérezJiménez (Venezuela),
Rojas Pinilla (Colombia)
Y les siguen los pupulistas actuales que ya todos conocemos, Hugo Chavez, Evo Morales, Rafael Correa, Cristina Fernandez.

Vamos que sólo falta Olmedo y su Dictador de Costa Pobre.

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Centrándonos en los puntos en común podríamos decir que es un fenómeno obrero y urbano, del campesino ni se acuerda, su elemento dinámico son las masas asalariadas, movilizadas y organizadas por el propio Estado, una suerte de sindicalismo estatal.

Es un movimiento a veces sin ideología clara, que consiste en una desordenada movilización de masas, sin brújula doctrinal, una intervención del pueblo emocional y mientras más aborregada mejor, librada a las intenciones del caudillo de turno para solucionar, en lo inmediato, las necesidades del pueblo esperanzado. Esto lo logran mediante un reparto irresponsable, complaciente y demagógico de la riqueza y nunca fomentando la producción.

El estado funciona en forma paternalista y clientelista, mientras haya recursos que repartir y casi sin quererlo, estructurando y perpetuando la pobreza. El populismo ama tanto a los pobres que los multiplica.

Un partido populista podríamos denominarlo reformista y policlasista, lo común es que el líder provenga de la clase alta o media, lo que es clave para este movimiento de masas, las cuales suelen seguir más a caudillos que a ideas, ya que por norma son doctrinalmente pobres, inicialmente se representa como una rebelión contra el poder establecido; posteriormente, ya en el poder, exhibe exceso de paternalismo y demagogia. Fomentan el orgullo nacional para atacar a los malvados intereses extranjeros que sólo saben expoliar al pueblo. Y aquí quiero remitirlos a una nota de la revista Veja de Brasil, leída a través de Infobae que habla muy clarito del tema.

Así el Estado se torna cada vez más intervencionista, elefantiásico, enormemente burocratizado e incapaz de dar respuesta a las necesidades reales de la población. Esto tarde o temprano los lleva al colapso, pierde poco a poco el apoyo popular y de la burguesía (que vela sólo por sus intereses); cae por sí sólo, dejando un vacío de poder, que en otras épocas entraban a llenar inmediatamente los militares (Argentina, Brasil, Ecuador) o una social democracia modernista (Venezuela).
Ningún régimen populista ha cambiado las estructuras de un sistema. Y todos han sido corruptos y corruptores; sobre todo no productivos.

Citando a gente que sabe mucho sobre el tema, como Germani, Di Tella o Ianni que dicen que ¨el populismo es un movimiento ideológico de transición. Es un fenómeno aberrante, que resulta de la “asincronía” (es decir, de la coexistencia simultánea) de los dos polos, en el proceso de tránsito de una sociedad tradicional hacia una sociedad industrial. Tiene, por ello, un efecto de vitrina y un efecto de amalgama¨.
O lo que interpreta Laclau como populismo: ¨es un fenómeno ideológico, que articula el pueblo al discurso político de la clase dominante. Es un fenómeno cuya ideología política liga directamente la presencia del pueblo a su discurso.¨
Aunque más interesante es y es la que más me gusta ¨El populismo es una forma de autoritarismo que surge de la imposición de las masas. No es la forma militarista de autoritarismo, pero tiene las mismas aristas caudillescas y sigue el ritmo de las demandas de las masas¨(Ramos-Jimenez, 1983).

¿Interesante no? Ligar el populismo al autoritarismo, a una dictadura. Como ejemplo de esto, por más que suene a exageración, de como el populismo es capaz de llevar a toda una nación a un estado de locura y autodestrucción. Es extremista, pero es al nacionalsocialismo de Hitler a lo que me refiero. De como un agitador menor que daba discursos a borrachos en las Brauhaus de Bavaria, aprovechó la ola de descontento del pueblo alemán, con una inflación por las nubes, un alto porcentaje de desempleo y sobre todo (típico alemán), deseo de orden.

Con las dificultades, crece la empatía; paradójicamente, también parecen hacerlo las decisiones colectivas irracionales, así como el atractivo que las “soluciones duras”, el caudillismo, la demagogia, el populismo, el camino fácil y las movilizaciones grandiosas, el “orden” y otros eufemismos tienen entre grandes sectores de la población, con una representación en ocasiones transversal: desde ciudadanos vulnerables con o sin crisis, sin formación, ni una red social rica, hasta personas educadas y miembros de las élites. Los alemanes nacionalsocialistas fueron los primeros en utilizar la ¨propaganda de masas¨ y fueron los primeros en aplicar una de las ideas de comunicación que consistía en eliminar otra voces (entiéndase oposición) mediante el ¨principio de la mayoría¨. Y en que consistía este principio, en convencer a mucha gente, incluso a personas “racionales” e ilustradas de uno de los países más desarrollados de Europa y uno de sus centros científicos y artísticos, de que pensaban “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad. Como paradigma de esto está un tal Albert Speer, era conocido como ¨el arquitecto del III Reich¨, quien escribió en sus memorias ¨… que la capacidad de convicción del principio de la mayoría contribuyeron a su connivencia con algunas de las decisiones colectivas más irracionales y catastróficas de la historia.¨

Si Speer, un arquitecto procedente de una familia que había demostrado su capacidad artística y profesional durante generaciones, es decir, un tipo formado, fue capaz de dejar el raciocinio y abrazar los principios del populismo de su época, imaginemos hasta donde pueden llegar estos caudillos actuales seguidos por una masa cada vez más inculta.

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Sería bueno que esas discusiones se den más a menudo, que entre charla y charla, conceptos queden, que todos y cada uno de los que de alguna manera podemos elegir el destino de nuestros países lo hagamos de manera consciente, sesuda y sobre todo nada emocional, votar, es la única herramienta que tenemos, el usarla correctamente es un deber que deberían inculcarnos desde pequeños. Así que desde este lugar, humilde pero con pretensión de llegar a las masas (jeje), los animo a debatir entre ustedes, a cruzar ideas y defenderlas, a desasnarnos.

Lo ha dicho el bicho