¡Viva la Pepa!

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España, 19 de marzo de 1812, día que coincide también con la celebración de San José, se proclama la constitución española en Cádiz, por la coincidencia con el santoral, como a los que se llaman José en España les dicen ¨pepe¨, a la constitución la llamaron: ¨La Pepa¨ . Ese mismo día, los liberales españoles anuncian su adhesión a la carta magna al grito de ¡Viva la Pepa! Desde entonces, esa expresión ha permanecido y traspasado fronteras, lamentablemente, su sentido ha ido cambiando hacia una versión peyorativa y al día de hoy se usa esa frase como analogía de desorden, de que siga la fiesta sin importar las consecuencias.

Esto lo explico para referenciar una práctica cada vez más común en nuestros gobernantes, reformas constitucionales, leyes y decretazos para perpetuarse o acumular poder, cada uno y a su manera, decide, según su conveniencia, pasarse por donde no le da el sol las leyes fundamentales de un Estado soberano. El ¡VIVA LA PEPA! que todos conocemos.

Como antecedentes, para ponernos en situación, en nuestra historia reciente, están, la reforma de la Constitución Argentina del año 1994, impulsada por el entonces Presidente Carlos Saúl Menem, pautada meses antes, en dicembre de 1993, en lo  que se conoció como Pacto de Olivos,  con Raúl Alfonsín. Entre las reformas pactadas estaba la reelección de Presidente y vicepresidente por otro período de 4 años. Hasta entonces la Constitución original de 1853, no admitía la reelección inmediata, sinó que obligaba a dejar pasar un período de 6 años para poder presentarse como candidato. A partir de dicho pacto, se metió mano también en el poder judicial, en la Corte Suprema de Justicia, se redujo la ¨mayoría automatica¨ a la decisión de 5 jueces, la Corte pasaba a favorecer la gobernabilidad, apoyando las decisiones del ejecutivo,  en lugar de garantizar el cumplimiento de la Constitución. Salieron sentencias un poco llamativas y a todas luces anticonstitucionales, como el indulto a los militares de la dictadura, la indexación de las jubilaciones, se favorecieron las privatizaciones. Uno de los jueces de esa mayoría, Petracchi, se inventó el ¨per saltum¨, una doctrina que permite a la Corte Suprema encargarse de causas que aún no están resueltas en tribunales menores, cosa que le vino como anillo al dedo para resolver la privatización (regalo) de Aerolíneas Argentinas y parar los amparos contra el corralito bancario. Más claro, le hecho agua.

En los últimos días, en mi querido y maltrecho país, que dentro de poco se llamará Argenzuela, estamos asistiendo a un ataque más al estado de derecho, un paso hacia el totalitarismo, el Ejecutivo ha enviado al Congreso varios proyectos de ley, entre ellos, uno  para limitar las medidas cautelares, quedando el ciudadano indefenso en la justicia ante el Estado,  copiando métodos dictatoriales como el de Onganía durante su dictadura. Lo disfraza diciendo que es una democratización de la justicia, pretendiendo también reformar el Consejo de la Magistratura (que elige a los jueces), llevando de 13 a 19 a los integrantes y que 7 se ellos sean elegidos por voto popular . Quedan bien claras las intenciones, para la gilada, le llaman ¨democratización¨, les hacen creer que pueden elegir, los jueces tendrán que hacer campaña, cuando la Justicia debería mantenerse al margen de procesos electorales, no estar ni cerca relacionados a ninguna bandera política, los jueces no deberían ver peligrar su puesto por dictar una sentencia antipática para el régimen. Quien debería controlar, verá sus capacidades reducidas a nivel de servidumbre y para colmo, a mi humilde entender, la oposición se ha autodesprestigiado tanto que carece de fuerza para hacer verdadero contrapeso.

Cuando éramos chicos, nos hacían recitar de memoria el Preámbulo de nuestra Constitución, al hacerlo, le dábamos solemnidad, como dictando las normas, tácitamente sabíamos, pese a nuestra corta edad, que eran palabras ¨sagradas¨, como todo el texto que seguía a dicho preámbulo. El artículo 29 dice: El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los INFAMES TRAIDORES DE LA PATRIA.

Se está cometiendo un atropello, están matando a nuestra democracia, es momento de que se tome enserio toda la solemnidad de un texto, que parece que los que hoy manejan los hilos desconocen o pretenden borrarlo de un plumazo. Es hora que los argentinos, como supimos hacerlo en otro momento, defendamos nuestros derechos y garantías. No dejemos que hagan de nuestra Justicia y de nuestra Patria un VIVA LA PEPA.

Lo ha dicho el bicho.

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