Cabecitas ¨Wash & Go¨

Para entender de que va lo que quiero explicar, empecemos con una clase de psicología y quien mejor que Jean Piaget para explicar como se desarrolla la inteligencia en un niño, el bueno de Jean, explica que el niño construye su conocimiento gracias a la exploración del medio, los estímulos que de este recibe y los procesos de acomodación y asimilación que lo van llevando a esquemas mentales más complejos. Divide el desarrollo en estadíos, desarrollaré solo los que interesan para no cansarlos y cansarme. Destaca que los estadíos están íntimamente unidos a la socialización del niño y de como las relaciones afectan a su desarrollo psíquico. Vamos allá:

1. Primero período o sensoriomotriz y sus seis subestadíos.

2. Período preoperatorio, va hasta los 6 años donde tiene un gran desarrollo la función simbólica, etapa lúdica donde el niño toma conciencia del mundo que lo rodea, el juego simbólico es una forma de adaptación.

3. Período de las operaciones concretas, entre los 7 y los 11 o 12 añitos, es importantísma esta etapa en cuando a la socialización y al pensamiento objetivo, aun es incapaz de distinguir lo indispensable, es un gran y mero receptor de información en cuanto al lenguaje y en lo cultural, ya son capaces de actuar en grupo (en algunos casos manada, jauría, aplíquese según la experiencia paternal) y en forma cooperativa. La moral está sometida a las influencias externas.

4. Período de las operaciones formales, el desarrollo de los procesos cognitivos cada vez más complejos, hacen posibles nuevas relaciones sociales, se da la aparición del pensamiento formal que hace posible su integración en un sistema de grupo. La forma de insertarse en la sociedad adulta es un proceso lento que se realiza en diversos momentos, según el tipo de sociedad o según como es la gente que rodea al individuo, su entorno.

La adolescencia es una etapa difícil debido a que el muchacho todavía es incapaz de tener en cuenta las contradicciones de la vida humana, personal y social, donde hay muchos cambios tanto físicos como emocionales, razón por la que su plan de vida personal, su programa de vida y de reforma, suele ser utópico e ingenuo o que actúa sin malicia o no tiene picardía. La confrontación de sus ideas con la realidad suele ser una causa de grandes conflictos y pasajeras perturbaciones afectivas, (crisis religiosa, ruptura brusca de sus relaciones afectivas con los padres, desilusiones, etc.).

Aquí todos dirán: ¡¡¡ohhhh que interesante!!! o ¡¡¡pffff que pesado!!! Bueno, bueno, lo que quiero explicar con todo esto es lo maleable que es la cabecita de un niño y un no tan niño en edades tempranas, lo fácil que adoctrinar a la nuevas generaciones para que sean los borregos de mañana, de las 4 etapas que Piaget describe, 3 son críticas en este aspecto.

Históricamente la mayoría de los regímenes, han adoctrinado a sus retoños y así lavar sus cerebritos para que sigan al líder. Ya que nombré la historia, se viene el repaso histórico.

Empecemos con el paradigma del adoctrinamiento, el Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, por si no les suena, el Partido Nazi, allá por 1920 estas dulces bestias dirigieron sus mensajes de propaganda a la juventud alemana, resaltando las virtudes del movimiento y esto acontecía mayoritariamente en las aulas, para finales de 1933 los miembros de la Hitlerjugend eran más de 2 millones, hacia 1936 casi 6 millones y pasó a ser obligatorio pertenecer allá por 1939. Eso si, los nazis se aseguraron de proscribir a cualquier organización rival. El régimen, limpió el sistema escolar de profesores judíos o poco confiables. La mayoría de los maestros de unió a la Liga Nacionalsocialista de Maestros. Era clave la devoción al Führer, creando ciudadanos capaces de morir por él, el 20 de abril, día del cumpleaños de Hitler, feriado nacional, los jóvenes borregos alemanes juraban lealtad y prometían servir como soldados en el futuro.

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Las escuelas eran fundamentales en la difusión de las ideas nazis, se adoctrinaba a las pequeñas cabecitas alemanas, tan moldeables como las de cualquier niño a edades tempranas, nociones de obediencia al Estado, amor a Hitler, militarismo, antisemitismo.

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De esa manera el régimen logró que más de 8 millones de niños, en vez de estar trepando a los árboles, jugando a la pelota o a la escondida, forme parte de un ejercito enajenado que en momentos previos a la caída del Tercer Reich, llegaron a combatir como verdaderos demonios contra las tropas soviéticas, defendiendo lo indefendible.

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Otro cómplice de aventuras de Adolf, Benito Mussolini también tenía lo suyo, el culto a Il Duce era el principal objetivo del adoctrinamiento de la Opera Nazionale Balilla, el nombre que recibían las juventudes fascistas italianas, creada en 1926, ya para el 1937 contaban en sus filas más de 5 millones de niños y adolescentes, época en que fue rebautizada como Gioventù Italiana del Littorio.

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Dividían a los niños según las edades, desde Hijos de la loba, a los 4 añitos, hasta formar parte de las Juventudes fascitas, a los 18. Haciéndoles siempre jurar lealtad al Duce. Las niñas, como se ve en la foto, utilizaban camisas blancas en lugar de las típicas negras.

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Tener el carnet del PNF garantizaba estabilidad y fácil acceso a cargos públicos, ayudas sociales y un sinfín de ventajas, sobre todo para quien quería progresar en la Italia de aquellos años.

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En dicho carnet, quedaba reflejada la participación activa en las organizaciones fascistas en sus distintos niveles desde las educación primaria.

El régimen, siempre se interesó en mostrarse jovial, fresco, fértil y mucha de su propaganda iba encaminada a aumentar los casamientos y la natalidad.

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¡Cuánta ternura!

Al otro lado del charco o Atlántico para los geográficamente correctos, Juan Domingo Perón también hacía de las suyas en la cabecitas argentinas. A partir de la sanción de la ley 1420, implantando la enseñanza común, obligatoria, gratuita y laica, algo loable, eso no se discute, también sentó las bases para el lavado de cerebro de los niños. Perón se preocupó de asegurarse el apoyo incondicional de las masas a largo plazo, ya desde la primaria, inculcaban a los niños que el buen argentino era peronista y quien se oponía era un traidor a la Patria. Adoctrinó tanto a maestros como alumnos, modificando los programas educativos y aportando libros de texto netamente peronistas.

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Toda enseñanza estaba vinculada a la doctrina peronista. Después de la muerte de Evita ¨La razón de mi vida¨ , su autobiografía fue declarada texto obligatorio en todos los niveles de enseñanza. El ministerio de Educación editó Los Cuadernos para el Maestro Argentino

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En estos libritos, que venían en cómodas entregas, indicaban que y como enseñar a los niños.

A destacar, los libros de texto peronistas eran pura propaganda partidaria, con poco contenido pedagógico

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Enseñanza de calidad justicialista. Por aquella época, los maestros que no poseían el carnet de afiliado al partido corrían el riesgo de perder su trabajo, de esa manera, con profes leales se permitían hasta licencias históricas como equipara la declaración de la Independencia argentina de 1816 con la declaración peronista de independencia económica de 1947 o comparar a Juan Domingo con José de San Martín.

Hasta aquí la relación de adoctrinamiento y autoritarismo. La tendencia puede ser creer que son cosas del pasado o que solo se da en los pocos reductos comunistas que existen el mundo como Corea del Norte, China o Cuba.

Aquí voy a remitirme a una noticia del Diario Uno de agosto de 2012 donde informa que la  Academia Nacional de Educación que considera ¨sectarias e ilegales¨  las tareas llevadas a cabo, bajo la denominación de talleres, por La Cámpora, organización oficialista del Kirschnerismo. Compara sus métodos, con los históricamente aplicados por regímenes totalitarios y denuncia que su actuación, que incluye introducir en la aulas, banderas, cánticos, figuras de facciones políticas, etc., algo expresamente prohibido por la Ley de Educación Nacional Nº: 26.206. Y que es lo que hacen estos energúmenos en las escuelas, les enseñan a nuestros chicos que seguir las pautas políticas K es la única posibilidad que las cosas salgan bien, sin alternativas. Todo está orquestado desde la Dirección para el Fortalecimiento de la Democracia, nombre rimbombante para que no se note tanto que es una lavadora de cerebros. El taller en cuestión se denomina  ¨El Héroe Colectivo¨ donde el personaje central es El Eternauta a quien le han reemplazado su rostro por el de Néstor Kirchner, pasando a ser algo así como El Nestornauta.

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Un rápido repaso a la web de La Cámpora, nos muestra como es el ¨inofensivo¨ juego en las escuelas, un militante le explica a los chicos como un grupo de amigos se encuentra encerrado en una casa, aislados, rodeados de desolación, haciendo una analogía de como se como encontraba el país en 2003, cuando Kirchner asumió la presidencia, la lucha por la supervivencia de los personajes del juego es la misma que la reconstrucción de la patria que llevan a cabo Néstor y Cristina. Es que se me caen las lágrimas de emoción.

Han llegado a reemplazar la bandera nacional por la suya, como ocurrió en una escuela de Entre Ríos.

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Pero estos tiernos muchachos, van mucho más allá, hasta tienen un Diccionario Militante que prologa:  ¨Vos, que estás usando miles de términos compañeros en tu UB y querés que todos los compañeros de la organización los conozcan y los usen porque sabés que tienen mucho punch, no seás vago, ordenate, y mandanos las palabras y expresiones militantes que usás día a día bancando el proyecto. El Diccionario Militante también es una construcción colectiva y necesitamos de tu voz, cumpa! No te quedes arafue y hacé que la orga te homologue la jerga!¨

Lisa y llanamente, hasta les enseñan a hablar a los futuros militontos, con joyas lingüísticas como ¨hacer la bilateral¨, seguida de una definición cual enciclopedia británica ¨loc. verb. Actitud cuestionable que implica buscar autorización para actuar ante una situación determinada en una entidad orgánica superior, distinta a la que habitualmente se recurre, con el objetivo de evitar una denegatoria previsible.¨ y con ejemplos prácticos:

Ej: “Me recontraordenaron en la UB. Me hice el piola e hice la bilateral llamando al Goro, referente de organización, para que me deje hacer una festichola en el local con un par de cumpas que vinieron del interior y como él es terrible fiestero me tiró la positiva de una. Ahora que se enteró mi referente me re cagaron a pedos y me toca cargar las cañas todas las marchas, abrir el local todas las mañanas y ser el último para cerrar. Me cabe por porteño gato, pero cómo viajó el fiestón federal… Viva la Patria, carajo!”.(Lo siento Camilo José Cela, fue en vano tu esfuerzo)
Tíldenme de exagerado, pero es una muestra más que este modelo, esa loca idea de amor Nac & Pop (así les gusta hacerse llamar) sigue dando pasos firmes hacia el totalitarismo,  que no, no exagero, sino fíjense de donde copia su estética La Cámpora:
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Si, el diccionario militonto usa una imagen china de 1966 que grafica la revolución proletaria de Mao.
A mi personalmente me asusta ver como gesto a gesto nos acercamos cada vez más a Cuba y nos alejan del mundo libre. Lo peor de todo es que están sentando las bases para persistir en el futuro, arruinando a nuestros niños, influyendo en su capacidad de razonar, de cuestionar, de elegir libremente.
Esta gentuza, tiene que entender que la educación es un derecho fundamental, no un elemento político, nuestras escuelas deben formar personas libres, que cuando tengan edad de decidir, lo hagan despojados de toda ideología implantada.
Sólo es educación si se respeta la libertad y la dignidad de quien aprende, cuidando de la autodeterminación de las personas, siendo su educación el fin en si mismo y no un medio para lograr otros objetivos como captar borregos. Se trata de educar, no de moldear voluntades.
Lo ha dicho el bicho
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¿Por qué estamos como estamos?

Desde hace tiempo que tengo una pregunta rondando por la cabeza. Pregunta que apunta a entender las causas por las que un país, reconocido p0r propios y extraños, con un potencial brutal, se empecina en marchar a su autodestrucción. Las respuestas pueden ser muy variadas según a quien hayan votado, la edad que tenga o que tan largo en el trayecto en taxi.

Toda crisis es el preludio de un cambio, pero en el caso de mi país pareciera que la historia se repite una y otra vez, empecinándose en perpetuarnos en el error. Tal vez sea algo genético, una falla de fábrica del ser argentino, defectos que arrastramos generación tras generación, siempre aspirando a ser y no lográndolo nunca.

En un intento de buscar una explicación, me encuentro con un texto que creo que apunta en la dirección correcta, acá es donde quiero dejarle lugar a una palabra autorizada, por conocimientos de historia y por capacidad de análisis, quiero transcribirles, no sin antes agradecer a Rogelio Alaniz el autorizarme hacer un copy + paste a su página.

¿Cuándo se jodió la Argentina? – Rogelio Alaniz

Una empecinada y viscosa sensación de fracaso, una sospecha cada vez más fundada de que somos una nación que marcha a la deriva, una certeza de que podríamos haber sido un país mucho más justo y más libre si las pésimas opciones políticas, las alienaciones ideológicas, la obsesión casi enfermiza de ir a contramano del mundo no se hubieran impuesto con la consistencia de un sentido común regresivo, anacrónico y sentimental en el peor sentido de la palabra. Todo eso y mucho más nos ocurre cuando pensamos en la Argentina.

“¿En qué momento se jodió Perú?”, se pregunta el personaje de “Conversación en la catedral”, por lejos la mejor obra escrita por ese gran novelista que es Mario Vargas Llosa. La pregunta que nos deberíamos hacer admite una ligera variación; ¿Por qué se jodió la Argentina? Fuimos grandes, tuvimos todo a mano para ser una nación próspera y justa e hicimos y hacemos todo lo posible para seguir precipitándonos en el fracaso, hundiéndonos impávidos en el más desolador tiempo del desprecio.

¿En qué nos equivocamos? ¿Qué hicimos mal? ¿Una burguesía parasitaria, rentística, desentendida de sus responsabilidades? ¿Un movimiento obrero corrompido, burocrático, decidido a practicar la consigna del sálvese quien pueda? ¿Intelectuales alienados, incapaces de pensar al país en serio? ¿Jóvenes irresponsables, decididos a arrojarse en el charco de la ignorancia con la mejor de las sonrisas? ¿Sacerdotes alejados de la verdad del Evangelio? ¿Periodistas tramposos y corruptos? ¿Políticos venales que conciben al Estado como un botín?

Cualquiera de estas imputaciones pude refutarse con buenos argumentos, cualquiera de estas imputaciones puede ser injusta o incompleta, pero también cualquiera de estas imputaciones en algún punto da en el clavo. Si todo estuviera sucio, si el fango fuera el único escenario visible, la situación sería grave pero al menos estaríamos en condiciones de elaborar un diagnóstico preciso acerca de nuestra decadencia. Lo curioso es que en la Argentina los trazos gruesos de la decadencia, los huellones del fracaso están matizados. Todo anda mal pero existe la vaga sensación de que con un mínimo esfuerzo, con un toque de lucidez y coraje todo podría empezar a andar bien. ¿Ilusión o trampa?

La Argentina no es solamente un país pobre, un país injusto; es, sobre todas las cosas, un país fracasado. Si alguna vez el desarrollo fue nuestro horizonte, hoy la deplorable realidad nos dice que somos un país “desdesarrollado”, es decir un país que retrocede, que ha despilfarrado sus dones y sus dotes. La imagen que mejor nos representa es la de aquel patricio que alguna vez fue inteligente, rico y virtuoso, en tanto que sus hijos y sus nietos son exactamente lo contrario. La leyenda cuenta que en Pavón el padre de Julio Roca retornó al campo de batalla para sacar a su hijo empecinando en seguir disparando con su cañón a pesar de que la batalla estaba perdida. Cuarenta años después aquel jovencito -que ya había sido presidente de los argentinos- ingresará una noche al Club Social para sacar a su hijo de la oreja, no porque se estuviera jugando la vida o el honor, sino porque se estaba jugando el campo en una mesa de póker.

Ni San Martín ni Belgrano, Isidorito Cañones. Como él hemos aprendido a gastarnos las herencias de los abuelos, los tíos y los padres; a vender las joyas de la abuela, con la casa, el piano y la guitarra. Y a consumirnos el capital de nuestros hijos. Arribismo e irresponsabilidad es lo que hemos aprendido. Y ese estilo instalado como un vicio o como un destino de vivir en un eterno presente, de vivir con la certeza de que una cosecha, un ciclo económico, algún azar del planeta nos va a resolver los problemas. En los últimos años hemos demostrado ser unos maestros en el arte de perder oportunidades, despilfarrarlas miserablemente encogiéndonos de hombros y con una sonrisa canalla.

Los Kirchner y el kirchnerismo no son los responsables de los males que como magos o prestidigitadores hemos sabido inventar. Al menos no son los únicos. Pero los Kirchner y el kirchnerismo en los últimos diez años han acentuado todas las tendencias a la decadencia y el fracaso. Y lo más grave es que lo han hecho invocando grandes causas, agitando banderas justas, reivindicando consigas redentoras. Menem y el menemismo fueron una calamidad para la Argentina, pero a esa calamidad nunca se le ocurrió disfrazar su cinismo y su voracidad por las riquezas con los atuendos de las causas nobles.

La Argentina anda mal, marcha sin rumbo y todos los días se enreda con un problema nuevo. Una diplomacia que negocia lo innegociable con nuestros verdugos y luego su canciller posa de intransigente sabiendo que sus palabras son tan inservibles como lo será en el futuro su gestión para el tribunal de la historia. Un gobierno que acusa a los diarios de mentirosos cuando desde el poder practica las mentiras más descaradas e insolentes. Un gobierno que decepciona hasta en lo que se propone; un gobierno que no disimula su vocación autoritaria y en algunos puntos fascista.

Los incalificables insultos a Kicillof, la justa silbatina a Boudou, son datos menores al lado de las declaraciones del señor Orlando Barone afirmando que en este país los que no están de acuerdo con el gobierno deben irse, y también deben irse los neutrales y los indiferentes. Barone puede ser inimputable, un decadente ventajero político, un despreciable arlequín y saltimbanqui, pero hasta tanto nadie lo desmienta es un vocero del oficialismo, como lo son Boudou, Diana Conti, Aníbal Fernández y, por qué no, el señor Zaffaroni. Barone apoya al oficialismo por sus supuestos compromisos con el pueblo, pero sus argumentos están construidos con el estiércol de la dictadura militar. Las amenazas de expulsar a los opositores y a los neutrales no las inventó él, pertenecen al acervo ideológico de Ibérico Saint Jean, el general que dijo exactamente lo mismo que ahora repite Barone muy suelto de cuerpo.

¿Cuándo se jodió la Argentina? ¿Por qué se jodió la Argentina? ¿Quiénes jodieron a la Argentina? Buenas preguntas para hacerse, sobre todo cuando la certeza de que estamos jodidos es una de las escasas seguridades compartidas. No viene al caso extraviarnos en los laberintos de la historia o en el espeso universo de las estadísticas. El presente nos alcanza y sobra para pensar aquello que Le Pera expresó con palabras premonitorias: la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.

Yo no diría que en la Argentina todo anda mal, pero sí diría que anda mal todo aquello que para una nación debería ser lo más importante. Y algo más grave. Lo poco que anda bien -el campo por ejemplo-, el gobierno se preocupa por boicotearlo y confiscarle recursos. Al respecto, que nadie se llame a engaño. Algo anda mal en un país cuando un gobierno se ocupa en atacar a los segmentos más modernos de su economía, mientras abre una avenida ancha y generosa para que las burguesías lúmpenes, los arribistas y mafiosos hagan excelentes negocios, se enriquezcan sin pagar impuestos, eludiendo responsabilidades legales y alentando las prácticas económicas de un capitalismo salvaje en el sentido más justo de la palabra, porque acumula las riquezas explotando mano de obra esclava y semiesclava. Hay que decirlo con todas las palabras: la única actividad económica, el único modelo de explotación y desarrollo que el kirchnerismo logró consolidar y ampliar en la Argentina, se llama La Salada. Ése es su horizonte económico, su ética del trabajo y su concepción práctica acerca de lo que concibe como modelo nacional y popular.

El balance, en este sentido, no puede ser más lamentable. Miremos a nuestros vecinos y la única emoción que se despierta son las ganas de llorar. Hoy el ingreso per cápita de Argentina está por debajo del de Chile y Uruguay. Brasil nos ha sacado tanta ventaja que ya nos hemos resignado a ser su satélite. Es que los Kirchner no han eliminado la pobreza; por el contrario, la han consolidado, ampliado e institucionalizado. El país está partido en dos, y unos y otros están conformes con ese destino. Los circuitos que alentaban la movilidad social de otros tiempos se han roto o se han obstruido. Lo que hay es un ancho y árido territorio de miseria y pobreza, una desolada tierra baldía asistida por traficantes interesados en que todo siga así porque esta realidad los beneficia.

Y sin embargo, alguna vez, la Argentina aspiró a ser un país de clase media. Fue su mejor momento. Evocar aquellos años es descorazonador y doloroso, el dolor, la desazón y la mustia melancolía del viejo calavera o la antigua madama que se miran al espejo y descubren en el rostro las marcas, las cicatrices, las huellas y las arrugas de los desengaños, los fracasos y las esperanzas perdidas.

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Se puede estar a favor o en contra, no deja de ser una opinión, huelga decir que la comparto 100%, sobre todo porque descubre nuestros errores. Digo nuestros, no sólo de los políticos, debemos ejercitar la autocrítica, algo que los argentinos tenemos genéticamente atrofiado, debe ser ejercitada individualmente y en forma constante lo que nos llevará a mejorar colectivamente. Demás está decir, que si esa autocrítica viene de quienes detentan el poder (nota mental: me cuesta encontrar casos donde un político reconozca sus errores) llevaría en su inercia a que todos podamos ver, analizar y concientizarnos de nuestras falencias.

Visto así, parece que hay 40 millones que necesitan mucho diván.

¨Yo robo para la corona¨

¡Qué fracesita! Acuñada por el filósofo contemporáneo Samuel Apfelbaum, erudito de glúteos siliconados, conocido también como José Luis Manzano (con seudónimo, como si fuese una estrella de cine), surgido en el momento álgido de los desmanes neoliberales del gobierno de Carlos Saúl Menem en Argentina.

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¨Yo robo para la corona.¨ Un suicidio político, el que cometió ¨Cachetes¨ Apfelbaum/Manzano o como quieran llamarle, cuando hizo esa confesión al periodista Horacio Verbitsky, intentando justificar  la corrupción que reinaba en aquel entonces. Para ponerlos en situación, este bicho estuvo metido en un sinfin de chanchullos, promotor de la mayoría automática de Menem en el poder judicial impulsando la ampliación de la Corte Suprema y así asegurarse jueces leales. Participó activamente del desmantelamiento del Estado con privatizaciones nada limpias, intervino en las externalizaciones (palabra que no existe, pero a los politisaurios actuales les encanta utilizar) de Aerolíneas Argentinas, ENTel, YPF por nombrar las emblemáticas. Siendo ministro del interior, vió como volaba por los aires la Embajada de Israel y prometió descubrir a los autores, cosa que aún esperamos.

Pero esto no va de una biografía de Apfelbaum/Manzano, ni de la inmoralidad y falta total de escrúpulos de este parásito que lamentablemente sigue suelto y acumulando fortuna como líder de un medio de comunicación (¿recuerdan la entrada anterior?).

El tema es, el hecho que un político que hasta tiene olor a corrupto haya dicho algo así ¿nos ha dejado alguna enseñanza desde aquel entonces? ¿Hemos aprendido la lección o seguimos permitiendo que cientos de Apfelbaums/Manzanos ocupen cargos públicos? Creo que la respuesta es obvia.

Intentemos mirarlo de otra manera, tal vez, el ¨Yo robo para la corona¨ haya sido lo único honesto de que dijo este personaje, tal vez, la famosa cintura política le falló y en lugar de irse con rodeos, medias tintas y ambigüedades, su subconciente le jugó una mala pasada y le hizo, por una vez en su vida, decir la verdad, esto no lo exime de ser la antonomasia de la corrupción, pero en su mensaje, dejó claro que no era a él a quien debían apuntar, pedía que no maten al mensajero. Hoy haciendo un análisis en restrospectiva, deberíamos haber matado al mensajero, al remitente y al destinatario.

Bueno, se preguntarán a que viene esta clase de historia, con catarsis incluida. Viene a que pese al paso de los años, signos y colores políticos estos ladrones a sueldo para la corona siguen campando a sus anchas en las vidas políticas nuestros países. Si, en todos los países en donde uno mira un poco de cerca encuentra con lagartijas de esa calaña. En el caso de Argentina es a quien le he dedicado los párrafos anteriores, en Brasil Roberto Jefferson con su mensalão, por nombrar a uno, porque el listado es enorme, en Chile,  Luis Eugenio Díaz acusado de cohecho y lavado de dinero desde la Comisión Nacional de Acreditación, en Venezuela, Rafael Ramirez, etc. etc etc.  Ni siquiera en el país paradigma de la corrección se salvan, en Alemania Christian Wulff, renunció por corrupción (al menos este tuvo la decencia de dimitir). Y España, bueno que les puedo contar, que lo único bueno de la crisis que estamos pasando es que todas las porquerías salen a flote, que muchos han encendido el ventilador y arrojado la mierda contra él, salpicando hasta los menos pensados, son tantos los que roban para la corona, Luis Bárcenas y sus millones en cuentas en Suiza, Jesús Sepúlveda, exmarido de la Ministra de Sanidad Ana Mato. Francisco Correa y todos a los que tenía empaquetados en la trama Gürtel.

Todos, absolutamente todos tienen a su Apfelbaum/Manzano, estos elementos están siempre presentes y son la base para mantener a la casta política actual. Ojalá estos empiecen a tener deslices o brotes de honestidad como los del filósofo contemporáneo, que se suiciden políticamente, vayan desapareciendo y dejen paso a sangre fresca, no contaminada que nos devuelvan la verdadera política.

¨No permitiré injusticias, ni juego sucio, pero si se descubre a alguien practicando la corrupción sin que yo reciba una comisión, lo pondremos contra la pared… ¡Y daremos la orden de disparar! ¨ – Groucho Marx

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