¿Por qué estamos como estamos?

Desde hace tiempo que tengo una pregunta rondando por la cabeza. Pregunta que apunta a entender las causas por las que un país, reconocido p0r propios y extraños, con un potencial brutal, se empecina en marchar a su autodestrucción. Las respuestas pueden ser muy variadas según a quien hayan votado, la edad que tenga o que tan largo en el trayecto en taxi.

Toda crisis es el preludio de un cambio, pero en el caso de mi país pareciera que la historia se repite una y otra vez, empecinándose en perpetuarnos en el error. Tal vez sea algo genético, una falla de fábrica del ser argentino, defectos que arrastramos generación tras generación, siempre aspirando a ser y no lográndolo nunca.

En un intento de buscar una explicación, me encuentro con un texto que creo que apunta en la dirección correcta, acá es donde quiero dejarle lugar a una palabra autorizada, por conocimientos de historia y por capacidad de análisis, quiero transcribirles, no sin antes agradecer a Rogelio Alaniz el autorizarme hacer un copy + paste a su página.

¿Cuándo se jodió la Argentina? – Rogelio Alaniz

Una empecinada y viscosa sensación de fracaso, una sospecha cada vez más fundada de que somos una nación que marcha a la deriva, una certeza de que podríamos haber sido un país mucho más justo y más libre si las pésimas opciones políticas, las alienaciones ideológicas, la obsesión casi enfermiza de ir a contramano del mundo no se hubieran impuesto con la consistencia de un sentido común regresivo, anacrónico y sentimental en el peor sentido de la palabra. Todo eso y mucho más nos ocurre cuando pensamos en la Argentina.

“¿En qué momento se jodió Perú?”, se pregunta el personaje de “Conversación en la catedral”, por lejos la mejor obra escrita por ese gran novelista que es Mario Vargas Llosa. La pregunta que nos deberíamos hacer admite una ligera variación; ¿Por qué se jodió la Argentina? Fuimos grandes, tuvimos todo a mano para ser una nación próspera y justa e hicimos y hacemos todo lo posible para seguir precipitándonos en el fracaso, hundiéndonos impávidos en el más desolador tiempo del desprecio.

¿En qué nos equivocamos? ¿Qué hicimos mal? ¿Una burguesía parasitaria, rentística, desentendida de sus responsabilidades? ¿Un movimiento obrero corrompido, burocrático, decidido a practicar la consigna del sálvese quien pueda? ¿Intelectuales alienados, incapaces de pensar al país en serio? ¿Jóvenes irresponsables, decididos a arrojarse en el charco de la ignorancia con la mejor de las sonrisas? ¿Sacerdotes alejados de la verdad del Evangelio? ¿Periodistas tramposos y corruptos? ¿Políticos venales que conciben al Estado como un botín?

Cualquiera de estas imputaciones pude refutarse con buenos argumentos, cualquiera de estas imputaciones puede ser injusta o incompleta, pero también cualquiera de estas imputaciones en algún punto da en el clavo. Si todo estuviera sucio, si el fango fuera el único escenario visible, la situación sería grave pero al menos estaríamos en condiciones de elaborar un diagnóstico preciso acerca de nuestra decadencia. Lo curioso es que en la Argentina los trazos gruesos de la decadencia, los huellones del fracaso están matizados. Todo anda mal pero existe la vaga sensación de que con un mínimo esfuerzo, con un toque de lucidez y coraje todo podría empezar a andar bien. ¿Ilusión o trampa?

La Argentina no es solamente un país pobre, un país injusto; es, sobre todas las cosas, un país fracasado. Si alguna vez el desarrollo fue nuestro horizonte, hoy la deplorable realidad nos dice que somos un país “desdesarrollado”, es decir un país que retrocede, que ha despilfarrado sus dones y sus dotes. La imagen que mejor nos representa es la de aquel patricio que alguna vez fue inteligente, rico y virtuoso, en tanto que sus hijos y sus nietos son exactamente lo contrario. La leyenda cuenta que en Pavón el padre de Julio Roca retornó al campo de batalla para sacar a su hijo empecinando en seguir disparando con su cañón a pesar de que la batalla estaba perdida. Cuarenta años después aquel jovencito -que ya había sido presidente de los argentinos- ingresará una noche al Club Social para sacar a su hijo de la oreja, no porque se estuviera jugando la vida o el honor, sino porque se estaba jugando el campo en una mesa de póker.

Ni San Martín ni Belgrano, Isidorito Cañones. Como él hemos aprendido a gastarnos las herencias de los abuelos, los tíos y los padres; a vender las joyas de la abuela, con la casa, el piano y la guitarra. Y a consumirnos el capital de nuestros hijos. Arribismo e irresponsabilidad es lo que hemos aprendido. Y ese estilo instalado como un vicio o como un destino de vivir en un eterno presente, de vivir con la certeza de que una cosecha, un ciclo económico, algún azar del planeta nos va a resolver los problemas. En los últimos años hemos demostrado ser unos maestros en el arte de perder oportunidades, despilfarrarlas miserablemente encogiéndonos de hombros y con una sonrisa canalla.

Los Kirchner y el kirchnerismo no son los responsables de los males que como magos o prestidigitadores hemos sabido inventar. Al menos no son los únicos. Pero los Kirchner y el kirchnerismo en los últimos diez años han acentuado todas las tendencias a la decadencia y el fracaso. Y lo más grave es que lo han hecho invocando grandes causas, agitando banderas justas, reivindicando consigas redentoras. Menem y el menemismo fueron una calamidad para la Argentina, pero a esa calamidad nunca se le ocurrió disfrazar su cinismo y su voracidad por las riquezas con los atuendos de las causas nobles.

La Argentina anda mal, marcha sin rumbo y todos los días se enreda con un problema nuevo. Una diplomacia que negocia lo innegociable con nuestros verdugos y luego su canciller posa de intransigente sabiendo que sus palabras son tan inservibles como lo será en el futuro su gestión para el tribunal de la historia. Un gobierno que acusa a los diarios de mentirosos cuando desde el poder practica las mentiras más descaradas e insolentes. Un gobierno que decepciona hasta en lo que se propone; un gobierno que no disimula su vocación autoritaria y en algunos puntos fascista.

Los incalificables insultos a Kicillof, la justa silbatina a Boudou, son datos menores al lado de las declaraciones del señor Orlando Barone afirmando que en este país los que no están de acuerdo con el gobierno deben irse, y también deben irse los neutrales y los indiferentes. Barone puede ser inimputable, un decadente ventajero político, un despreciable arlequín y saltimbanqui, pero hasta tanto nadie lo desmienta es un vocero del oficialismo, como lo son Boudou, Diana Conti, Aníbal Fernández y, por qué no, el señor Zaffaroni. Barone apoya al oficialismo por sus supuestos compromisos con el pueblo, pero sus argumentos están construidos con el estiércol de la dictadura militar. Las amenazas de expulsar a los opositores y a los neutrales no las inventó él, pertenecen al acervo ideológico de Ibérico Saint Jean, el general que dijo exactamente lo mismo que ahora repite Barone muy suelto de cuerpo.

¿Cuándo se jodió la Argentina? ¿Por qué se jodió la Argentina? ¿Quiénes jodieron a la Argentina? Buenas preguntas para hacerse, sobre todo cuando la certeza de que estamos jodidos es una de las escasas seguridades compartidas. No viene al caso extraviarnos en los laberintos de la historia o en el espeso universo de las estadísticas. El presente nos alcanza y sobra para pensar aquello que Le Pera expresó con palabras premonitorias: la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.

Yo no diría que en la Argentina todo anda mal, pero sí diría que anda mal todo aquello que para una nación debería ser lo más importante. Y algo más grave. Lo poco que anda bien -el campo por ejemplo-, el gobierno se preocupa por boicotearlo y confiscarle recursos. Al respecto, que nadie se llame a engaño. Algo anda mal en un país cuando un gobierno se ocupa en atacar a los segmentos más modernos de su economía, mientras abre una avenida ancha y generosa para que las burguesías lúmpenes, los arribistas y mafiosos hagan excelentes negocios, se enriquezcan sin pagar impuestos, eludiendo responsabilidades legales y alentando las prácticas económicas de un capitalismo salvaje en el sentido más justo de la palabra, porque acumula las riquezas explotando mano de obra esclava y semiesclava. Hay que decirlo con todas las palabras: la única actividad económica, el único modelo de explotación y desarrollo que el kirchnerismo logró consolidar y ampliar en la Argentina, se llama La Salada. Ése es su horizonte económico, su ética del trabajo y su concepción práctica acerca de lo que concibe como modelo nacional y popular.

El balance, en este sentido, no puede ser más lamentable. Miremos a nuestros vecinos y la única emoción que se despierta son las ganas de llorar. Hoy el ingreso per cápita de Argentina está por debajo del de Chile y Uruguay. Brasil nos ha sacado tanta ventaja que ya nos hemos resignado a ser su satélite. Es que los Kirchner no han eliminado la pobreza; por el contrario, la han consolidado, ampliado e institucionalizado. El país está partido en dos, y unos y otros están conformes con ese destino. Los circuitos que alentaban la movilidad social de otros tiempos se han roto o se han obstruido. Lo que hay es un ancho y árido territorio de miseria y pobreza, una desolada tierra baldía asistida por traficantes interesados en que todo siga así porque esta realidad los beneficia.

Y sin embargo, alguna vez, la Argentina aspiró a ser un país de clase media. Fue su mejor momento. Evocar aquellos años es descorazonador y doloroso, el dolor, la desazón y la mustia melancolía del viejo calavera o la antigua madama que se miran al espejo y descubren en el rostro las marcas, las cicatrices, las huellas y las arrugas de los desengaños, los fracasos y las esperanzas perdidas.

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Se puede estar a favor o en contra, no deja de ser una opinión, huelga decir que la comparto 100%, sobre todo porque descubre nuestros errores. Digo nuestros, no sólo de los políticos, debemos ejercitar la autocrítica, algo que los argentinos tenemos genéticamente atrofiado, debe ser ejercitada individualmente y en forma constante lo que nos llevará a mejorar colectivamente. Demás está decir, que si esa autocrítica viene de quienes detentan el poder (nota mental: me cuesta encontrar casos donde un político reconozca sus errores) llevaría en su inercia a que todos podamos ver, analizar y concientizarnos de nuestras falencias.

Visto así, parece que hay 40 millones que necesitan mucho diván.

La ignorancia al poder

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De un tiempo a esta parte venimos asistiendo a una serie de declaraciones de nuestros mandatarios que deberían hacer saltar todas nuestras alarmas. Personalmente, la cuestión asusta, que tamañas demostraciones de oligoneuronalidad (perdón por el neologismo) no generen más allá que críticas en redes sociales y uno que otro erudito replicando en la radio.

Para los que no saben a que me refiero, unas muestras:

Cabe preguntarse, ¿quién les hizo la entrevista de trabajo a estos?  ¿Es qué nadie se dio cuenta qué inflaron sus curriculums? Ah, no, esperá, que eso es solo para los que pagamos impuestos y mantenemos a estos burros. Mientras que las empresas piden titulación universitaria, postgrados, masters, MBA, al menos 3 idiomas y ser más agraciado que Brad Pitt para ocupar un puesto en la fotocopiadora, quienes dirigen los destinos de millones, sirvan como ejemplo estas tres luminarias, hacen gala de su ignorancia.

Parece que esto de meter la pata y no ruborizarse es un mal político mundial. A divertirse con algunos ejemplos.

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George W. Bush

“La mayoría de nuestras importaciones vienen de fuera del país.” 

   ¨Un número bajo de votantes es indicativo de que  menos personas están yendo a votar¨

“Nuestros enemigos son innovadores y tienen recursos, y nosotros también. No dejan de pensar nunca en nuevas maneras de hacer daño a nuestro país y a nuestra gente, y nosotros tampoco”.

“Yo sé lo que creo. Seguiré expresando lo que creo y en lo que creo. Creo que lo que creo es lo correcto”.

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Arnold Schwarzenegger ¨Gobernator¨

   “Creo que el matrimonio gay debería ser entre un hombre y una mujer”.

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Donald Rumsfeld

  “Las informaciones que dicen que algo no ha pasado siempre me resultan interesantes. Hay cosas que sabemos que sabemos. También hay cosas desconocidas conocidas, es decir que sabemos que hay algunas cosas que no sabemos. Pero también hay cosas desconocidas que desconocemos, las que no sabemos que no sabemos”. (Nota propia: ¡¡¡chupate esa mandarina Descartes!!!)

images Carlos Saúl Menem ¨Carlos I de Anillaco¨ y acá me puedo quedar ad eternum, un caso perdido digamos.

“Yo leí todas las obras de Sócrates”

“Pende sobre nuestras cabezas la espada de Penélope”

“Acá no se trata de sacarles a los ricos para darles a los pobres, como hacía Robinson Crusoe”

“Como dijo Atahualpa, caminante no hay camino, se hace camino al andar” (perdón Machado).

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Victor Felix Reviglio

  “La provincia resucitará de las cenizas como el gato Félix.”
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Ahora les toca a los de este lado del charco, mis queridos borregos políticos españoles, que lo que menos destilan es sabiduría. Un par de ejemplos de la fauna ibérica:

16126494--647x231 Bibiana Aido ¨… miembros y miembras…¨

rajoy Mariano Rajoy

“Quiero agradecer al gobierno cubano su protagonismo y sus contribuciones porque para España aquello era muy importante¨  Todo bien, salvo el detalle que se lo dijo en Perú al presidente Ollanta Humala.

“Yo sé poco de este asunto, pero mi primo supongo que sabrá. Y entonces dijo: He traído aquí a diez de los más importantes científicos del mundo y ninguno me ha garantizado el tiempo que hará mañana en Sevilla. ¿Cómo alguien puede decir lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?” Negando el cambio climático, un pitoniso.

¨A veces la mejor decisión es no tomar ninguna decisión, que también es tomar una decisión¨

“¡Viva el vino!”

Bueno, esta entrada sería eterna sin me pongo a reseñar todas las burradas que alguna vez han dicho los políticos.

Creo que los ejemplos anteriores son más que suficientes para explicar lo que intento decir. Que se debería exigir mucho, pero muchísmo más que lo que dicta el artículo 89 de la Constitución Nacional (en el caso de Argentina) que dice: ¨Para ser elegido presidente o vicepresidente de la Nación, se requiere haber nacido en el territorio argentino, o ser hijo de ciudadano nativo, habiendo nacido en país extranjero; y las demás calidades exigidas para ser elegido senador¨, esto es, tener más de 30 años y cumplir con un tiempo de residencia determinado. Requisitos por demás de paupérrimos dado el cargo que se pretende ocupar.

En un poema de Bertolt Bercht dice del analfabeto político que no conoce que el costo de la vida, de los porotos, de los zapatos y de los remedios dependen de decisiones políticas, no sabe que de su ignorancia nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas.

Hoy en día, un candidato puede aparecer como el mesías, eso no lo hace buen gobernante, solo habla bien del su equipo de marketing. Está en nosotros exigir una mínima formación de los candidatos, de alguna manera pedirles el currículum y hacerles una entrevista de trabajo, de las más exigentes, pidiendo idoneidad, transparencia, respeto del estado de derecho, de la división de poderes, capacidad para reconocer sus limitaciones, que esté formado en lo que hace, que no oculte su ignorancia con su labia.

Lo ha dicho el bicho

Perdónalos, Avogadro, estos homeópatas no saben lo que hacen

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Primero un poco de ciencia. Amedeo Avogadro fue uno de los primeros en estudiar la teoría atómica y fue en su honor que se le dió nombre al Número de Avogadro6,02 x 1023   basicamente, viene a explicar el número de átomos, electrones, iones, moléculas que existen en un mol de cualquier sustancia. Hasta acá parece que todos entendemos de que va la cosa, al menos los que  tuvimos que aguantar y rompernos el coco con la estequiometría en nuestros años mozos.

Pero, hace aproximadamente unos 200 años un tal Samuel Hahnemann, decidió pasarse por donde no le da el sol tanta ciencia y se le ocurrió proponer los principios de la homeopatía, entre los que se encuentra el principio de las dosis infinitesimales, que sería algo así, para curar una enfermedad alcanzaría con darle al paciente una dosis infinitamente diluida de una sustancia que a dosis normales le causarían síntomas. Así, siguiendo estos principios, mientras más diluida una molécula, más potente se torna. En la práctica sería algo por el estilo, tomamos una gota de una molécula y la diluimos en 99 gotas de agua, obtenemos así, una dilución 1C, esto se logra mediante una técnica de agitación que los bolazoterapeutas le llaman ¨sucución¨ (sucundún, sucundún). De esa dilución, volvemos a tomar una gota y la colocamos en otras 99 de agua, sucundún, sucundún y tenemos una dilución 2C y así sucesivamente hasta llegar a las diluciones que se encuentran en los preparados homeopáticos, por ejemplo, 30C, que son de las más bajitas ( se encuentran 200C o más) o lo que vendría a ser los mismo, diluir esa molécula en una esfera de agua con una diámetro de 150 millones de kilómetros (Según Ben Goldacre).

A esta altura Avogadro estaría teniendo una crisis convulsiva.

Siguiendo con los delirios de Hahnemann, los homeópatas consideran que las enfermedades están producidas por un desequilibrio de la fuerza vital, desdeñando las múltiples etiologías, les da igual si la enfermedad es bacteriana, viral, autoinmune, etc.

Similia Similibus Curantur, otra pavada sin fundamento científico alguno, viene a decir que lo similar cura lo similar. Voy a probar tratar a mis pacientes de sus fracturas con patadas homeopáticas.

Como lo de las diluciones le quedó un poco flojo de papeles y era difícil, que, aún en la época de la medicina mágica, alguien se crea que algo tan diluido pueda tener efecto, entonces los bolazoterapeutas salen con el mejor de sus delirios:  el agua tiene memoria. Ahora que se me pasó el ataque de risa paso a contarles de que se trata: Por más que sea solo agua, H2O como todos conocemos, estos sinvergüenzas afirman que las propiedades del remedio han sido almacenadas en las moléculas de agua y se han trasmitido durante las distintas diluciones. Con ese criterio, con toda el agua que forma parte de nuestro planeta y los seres que lo habitan y observando sus ciclos, podríamos afirmar, que ese vaso de agua que estás por beber en este momento, tiene moléculas que recuerdan haber estado en contacto con los pies sucios del los aborígenes cuando se bañaban en los ríos, o algo de alguna que otra descarga vesical de Napoleón y así, seguir infinitamente con los ejemplos escatológicos.

Una buena imagen que resume semejante disparate.

Homeopatia

…pagar por píldoras mágicas es un impuesto a la ignorancia científica¨. Ben Golacre

Bancos. Con tachuelas

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Los bancos con tachuelas, trampa que  elaborábamos cual cazadores furtivos, la elección de la víctima, la colocación estratégica de las tachuelas, el esperar agazapados, ver como la presa inocente apoyaba las asentaderas, confiado, creyendo que el banco está ahí, impetérrito, esperando un culo cansado y llega el momento sublime, el estiletazo traicionero, los ojos ojos y la boca abierta, el chillido agudo, los segundos de gloria hasta que el entachuelado se da cuenta, las risas generalizadas y los infaltables insultos al victimario que se delata por ser el que ríe más fuerte.

Todos alguna vez lo hemos hecho, no se hagan los inocentes, al menos yo, me confieso culpable de haber provocado más de un dolor de nalgas. Si, era un vivo bárbaro. Ahora me pregunto, ¿quien era el irresponsable que permitía que párvulos con hormonas descontroladas lleven dichos elementos punzantes a la escuela? ¡Qué épocas aquellas! Bueno, no quiero que se me note mucho el viejazo rememorando batallitas pasadas.

Aquí vengo de hablar de otros bancos, también con tachuelas, pero de otro tipo. Lo que me motivó a a escribir esta entrada es un fragmento de la película Concursante que explica muy a grosso modo como ESTAFAN LOS BANCOS

Claro, que el estiletazo que producen estos bancos, produce de todo, menos risas. Tal vez, no venga a descubrir nada nuevo, pero que sirva esta en entrada como un servicio de ayuda para no terminar entachuelado.

Los de la de los banca, en este caso me voy a referir a la española, han sabido planear una estrategia, ofrecernos un banco que apetecía cómodo, esperar agazapados a que piquemos y una vez ensartados escuchar como protestamos, gritamos, aullamos. ¡Cuánta similitud con la broma infantil! Pero aquella, tenía, como mucho, un castigo menor, en el peor de los casos, quedarnos sin recreo. Esta, la de los bancos, no solo no tiene castigo, sino que sus culpables son premiados con indemnizaciones millonarias y puestos en otras compañías. Paradigma de ello es Rodrigo Rato:

Rodrigo rato Sigue leyendo

Balas para todos. El populismo punitivo

A vueltas con el tema del populismo, hay una vertiente a destacar del mismo, la que surge de la propia situación que sus políticas irresponsables generan. La inseguridad.

En la versión online de un diario de Santa Fé, Argentina, cuelgan un video de una escena, que por lo lamentablemente cotidiano, pareciera que no debería sorprender a nadie.

Pero en este caso, se da que la emotividad del ocasional espectador del video, se ve sacudida por la imagen del niño llorando desconsoladamente al ver a su madre desmayarse del susto. Como la grabación fue colgada en facebook, es muy interesante leer los comentarios, observar las reacciones, todas entendibles desde el punto de vista del hartazgo de la gente frente a la inseguridad que los rodea, o como les gusta edulcorar a los politisaurios ¨sensación de inseguridad¨.

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Aclarando que yo también comenté, llama la atención como se repiten una y otra vez los mismos argumentos, las mismas reacciones. Uno pide militares, otro más balas a la policía, el de allá un paredón. Son reacciones más que normales, producto de la impotencia, emociones que todos hemos tenido ante una injusticia.

Pero esa emocionalidad, inherente a todos, puede ser perfectamente explotada por inescrupulosos que vienen a traer soluciones rápidas y  demagógicas a todas luces. ¿Cuántas veces hemos visto a populista de turno, con gesto adusto, prometer solucionar el problema de la delincuencia? Y las recetas son bastante parecidas, a modo general, aumento de las penas, reducción de la edad penal, hasta se escuchan pavadas como castración, pena de muerte o que los militares ocupen las calles. Proponen siempre un sistema represivo, reaccionando al delito hasta un poco irracionalmente.

Como  todo lo derivado del populismo, sus promesas son vacías, son las palabras que quieren escuchar las masas y nada más que eso.

Hay algo que tenemos que tener en claro, nadie está por encima de la ley. Reaccionar violentamente a la violencia nos convertiría en parte del problema. Las soluciones tienen que venir de la mano de la cohesión social, con propuestas coherentes y sobre todo, dentro de un marco legal.

No estoy aquí para elaborar dichas propuestas, sino para advertir, las balas no son la solución, muchas rebotan, se pierden y pueden ir a parar en gente inocente.

Lo ha dicho el bicho

Más de lo mismo con el populismo

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Esta entrada, la hago a partir de una discusión muy animada y sobre todo entretenida que tuve hace poco tiempo. Pena que esa discusión fue en los muros de Facebook y no sentados en una mesa cara a cara, porque se pueden tener diferencias políticas y considero muy sano expresarlas, aún a sabiendas que esa discusión no va a cambiar nada, es un ejercicio que recomiendo a todo el mundo.

Buscando, leyendo, interpretando, preguntando a los que saben, uno llega a la conclusión que llegar a una definición precisa de lo que es el populismo es una tarea imposible. Esto, en parte es debido, a que sus orígenes y formas de expresión son muy heterogéneos. Así que a prepararse que viene larga la cosa.

En wordreference encontramos un primer acercamiento a la definición de populismo ¨doctrina política que se presenta como defensora de los intereses y aspiraciones del pueblo para conseguir su favor¨. Personalmente, a esa definición le quitaría la palabra ¨doctrina¨.

Esto es particularmente más evidente a nuestra Latinoamérica de la última década, donde tras los estragos de políticas neoliberales que diezmaron la capacidad productiva de los países, el populismo empezó a cobrar cada vez más fuerza, presentándose como la alternativa al imperialismo que nos llevó a la ruina.

Si bien definirlo es complejo, se pueden encontrar muchos puntos en común sea quien sea el populista de turno, por nombrar a algunos:

Cárdenas (México 1934-1940),
Perón (Argentina 1946-1953),
Vargas y Goulart (Brasil 1950-1954 y 1961-1964),
Ibáñez (Chile 1952-1958),
Velasco Ibarra (Ecuador 1933/ 1944/ 1952-1956/ 1960/ 1968).
Paz Entensoro (Bolivia),
PérezJiménez (Venezuela),
Rojas Pinilla (Colombia)
Y les siguen los pupulistas actuales que ya todos conocemos, Hugo Chavez, Evo Morales, Rafael Correa, Cristina Fernandez.

Vamos que sólo falta Olmedo y su Dictador de Costa Pobre.

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Centrándonos en los puntos en común podríamos decir que es un fenómeno obrero y urbano, del campesino ni se acuerda, su elemento dinámico son las masas asalariadas, movilizadas y organizadas por el propio Estado, una suerte de sindicalismo estatal.

Es un movimiento a veces sin ideología clara, que consiste en una desordenada movilización de masas, sin brújula doctrinal, una intervención del pueblo emocional y mientras más aborregada mejor, librada a las intenciones del caudillo de turno para solucionar, en lo inmediato, las necesidades del pueblo esperanzado. Esto lo logran mediante un reparto irresponsable, complaciente y demagógico de la riqueza y nunca fomentando la producción.

El estado funciona en forma paternalista y clientelista, mientras haya recursos que repartir y casi sin quererlo, estructurando y perpetuando la pobreza. El populismo ama tanto a los pobres que los multiplica.

Un partido populista podríamos denominarlo reformista y policlasista, lo común es que el líder provenga de la clase alta o media, lo que es clave para este movimiento de masas, las cuales suelen seguir más a caudillos que a ideas, ya que por norma son doctrinalmente pobres, inicialmente se representa como una rebelión contra el poder establecido; posteriormente, ya en el poder, exhibe exceso de paternalismo y demagogia. Fomentan el orgullo nacional para atacar a los malvados intereses extranjeros que sólo saben expoliar al pueblo. Y aquí quiero remitirlos a una nota de la revista Veja de Brasil, leída a través de Infobae que habla muy clarito del tema.

Así el Estado se torna cada vez más intervencionista, elefantiásico, enormemente burocratizado e incapaz de dar respuesta a las necesidades reales de la población. Esto tarde o temprano los lleva al colapso, pierde poco a poco el apoyo popular y de la burguesía (que vela sólo por sus intereses); cae por sí sólo, dejando un vacío de poder, que en otras épocas entraban a llenar inmediatamente los militares (Argentina, Brasil, Ecuador) o una social democracia modernista (Venezuela).
Ningún régimen populista ha cambiado las estructuras de un sistema. Y todos han sido corruptos y corruptores; sobre todo no productivos.

Citando a gente que sabe mucho sobre el tema, como Germani, Di Tella o Ianni que dicen que ¨el populismo es un movimiento ideológico de transición. Es un fenómeno aberrante, que resulta de la “asincronía” (es decir, de la coexistencia simultánea) de los dos polos, en el proceso de tránsito de una sociedad tradicional hacia una sociedad industrial. Tiene, por ello, un efecto de vitrina y un efecto de amalgama¨.
O lo que interpreta Laclau como populismo: ¨es un fenómeno ideológico, que articula el pueblo al discurso político de la clase dominante. Es un fenómeno cuya ideología política liga directamente la presencia del pueblo a su discurso.¨
Aunque más interesante es y es la que más me gusta ¨El populismo es una forma de autoritarismo que surge de la imposición de las masas. No es la forma militarista de autoritarismo, pero tiene las mismas aristas caudillescas y sigue el ritmo de las demandas de las masas¨(Ramos-Jimenez, 1983).

¿Interesante no? Ligar el populismo al autoritarismo, a una dictadura. Como ejemplo de esto, por más que suene a exageración, de como el populismo es capaz de llevar a toda una nación a un estado de locura y autodestrucción. Es extremista, pero es al nacionalsocialismo de Hitler a lo que me refiero. De como un agitador menor que daba discursos a borrachos en las Brauhaus de Bavaria, aprovechó la ola de descontento del pueblo alemán, con una inflación por las nubes, un alto porcentaje de desempleo y sobre todo (típico alemán), deseo de orden.

Con las dificultades, crece la empatía; paradójicamente, también parecen hacerlo las decisiones colectivas irracionales, así como el atractivo que las “soluciones duras”, el caudillismo, la demagogia, el populismo, el camino fácil y las movilizaciones grandiosas, el “orden” y otros eufemismos tienen entre grandes sectores de la población, con una representación en ocasiones transversal: desde ciudadanos vulnerables con o sin crisis, sin formación, ni una red social rica, hasta personas educadas y miembros de las élites. Los alemanes nacionalsocialistas fueron los primeros en utilizar la ¨propaganda de masas¨ y fueron los primeros en aplicar una de las ideas de comunicación que consistía en eliminar otra voces (entiéndase oposición) mediante el ¨principio de la mayoría¨. Y en que consistía este principio, en convencer a mucha gente, incluso a personas “racionales” e ilustradas de uno de los países más desarrollados de Europa y uno de sus centros científicos y artísticos, de que pensaban “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad. Como paradigma de esto está un tal Albert Speer, era conocido como ¨el arquitecto del III Reich¨, quien escribió en sus memorias ¨… que la capacidad de convicción del principio de la mayoría contribuyeron a su connivencia con algunas de las decisiones colectivas más irracionales y catastróficas de la historia.¨

Si Speer, un arquitecto procedente de una familia que había demostrado su capacidad artística y profesional durante generaciones, es decir, un tipo formado, fue capaz de dejar el raciocinio y abrazar los principios del populismo de su época, imaginemos hasta donde pueden llegar estos caudillos actuales seguidos por una masa cada vez más inculta.

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Sería bueno que esas discusiones se den más a menudo, que entre charla y charla, conceptos queden, que todos y cada uno de los que de alguna manera podemos elegir el destino de nuestros países lo hagamos de manera consciente, sesuda y sobre todo nada emocional, votar, es la única herramienta que tenemos, el usarla correctamente es un deber que deberían inculcarnos desde pequeños. Así que desde este lugar, humilde pero con pretensión de llegar a las masas (jeje), los animo a debatir entre ustedes, a cruzar ideas y defenderlas, a desasnarnos.

Lo ha dicho el bicho